Cementiri Nou de Igualada

Si visitamos el Cementiri Nou de Igualada, nos encontramos ante un cementerio singular, contemporáneo.

Construido entre 1985 y 1991 por los arquitectos Enric Miralles y Carme Pinós, donde se mezclan hierro oxidado y piedras.

Este recinto obtuvo el premio FAD de Arquitectura 1992.

Tiene 15.640 m2 y el año 2009 presentaba una saturación del 60%.

Dispone de capilla ecuménica, construida con hormigón y concebida como un espacio inmenso y con aspecto de inacabado.

También tiene dependencias administrativas y depósito.

Además, es posible la ampliación.

Está formado por una serie de bloques de nichos y por una plaza de hormigón, madera y hierro con tumbas en el suelo.

Así mismo, dispone de algunos panteones excavados en la roca de los muros laterales.

Está enterrado el propio Enric Miralles, que murió en el año 2000.

El Cementiri Nou de Igualada se encuentra ubicado en uno de los extremos del polígono de Les Comes.

Para llegar hay que bajar por la calle de los Països Baixos, la única que tiene cipreses plantados a ambos lados.

Esto ya nos dan una pista de que la calle es la que lleva al cementerio.

Es una calle sin salida y aquí podemos encontrar la segunda pista de dónde nos lleva:

De la muerte no hay retorno.

Entraremos en el cementerio atravesando una puerta de hierro oxidado.

Si nos fijamos, toda la valla del cementerio es de este tipo de hierro, del que se utiliza para los encofrados de hormigón.

Esta valla no es así porque sí ni para que esté a medias.

En el mundo de los arquitectos, este hierro se le conoce como «el alma», ya que es el que aguanta las paredes que se hacen de hormigón.

El cementerio es un lugar lleno de almas, por tanto, los arquitectos pensaron que podía ser idóneo rodearlo del que en su jerga es una «alma».

Desde la plaza de entrada no apreciamos que estamos dentro de un cementerio, no vemos ningún nicho.

Lo que vemos es una plaza con forma ovalada y una docena de almendros plantados.

Estos dos elementos sirven a Miralles y Pinós para explicar que este espacio es el último lugar de vida antes de pasar a la muerte.

Por lo tanto, el espacio de los vivos antes de entrar en el espacio de los muertos.

En pricipio, la forma ovalada de la plaza representa el final de un camino.

Como cuando una mancha de aceite se extiende por encima de una superficie hasta que se le acaba el recorrido.

La plaza es el final de esta mancha, por esto se ensancha ligeramente todo creando la forma ovalada.

Por otra parte, como hemos dicho que es un espacio de vida antes de pasar en el espacio de los muertos.

Los arquitectos plantaron almendros porque es un árbol que explica por sí solo el paso de la vida.

Cada una de las cuatro estaciones del año tiene una forma diferente.

Los materiales utilizados

Durante la visita debemos prestar atención al tipo de materiales utilizados por Enric Miralles y Carme Pinós:

Hierro oxidado, grava, madera incrustada en el suelo, … Todos ellos son materiales que se desgastan con el paso del tiempo.

Los materiales nos vienen a recordar lo que ocurre con un cuerpo sin vida:

A medida que pasa el tiempo también se va desgastando.

Los cuerpos sin vida no pueden gobernarse por sí mismos, así como los materiales utilizados tampoco pueden hacerlo.

El tiempo los desgasta y transforma.

Esta representación del tiempo es constante en diferentes elementos del Cementerio.

Otro ejemplo lo encontramos en que los árboles que hay plantados al recorrido de entre los nichos sean de hoja caduca.

Enric Miralles a menudo decía que «Muchos de mis proyectos se construyen dialogando con lo que ya existe en su entorno «.

En el  Cementiri Nou de Igualada esto es así.

Los materialess utilizados se integran perfectamente con la naturaleza que rodea el espacio, sobre todo con la semblanza que el hormigón tiene con las típicas paredes de la Cuenca.

También ayuda el hecho de que el Cementiri Nou de Igualada esté enterrado en el suelo, a simple vista es invisible a cualquiera que lo quiera ver desde fuera.

Cementiri Nou d’Igualada