Casa Amatller

Casa Amatller en Barcelona

La Casa Amatller en Barcelona es un edificio modernista colindante con la Casa Batlló y cerca de la Casa Lleó Morera. Fue proyectado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch entre 1898 y 1900. Los tres edificios forman lo que se conoce como La manzana de la discordia.

El edificio fue un encargo del industrial del chocolate Antoni Amatller a Josep Puig, que ideó un modelo de palacio gótico urbano, con una fachada plana, un patio central y una escalera que da acceso a las habitaciones principales.

En la fachada pueden apreciarse las dos puertas asimétricas enlazadas por un San Jorge realizado por el escultor Eusebi Arnau. Por toda la fachada hay un esgrafiado que se une con la cerámica de forma delicada.

El vestíbulo, como era muy normal en la época de su realización, estaba pensado para la entrada de carruajes; tiene ornamentación de lámparas y vitrales con dos escaleras, la más decorada y suntuosa para su paso al piso principal y la más sencilla para el resto de los pisos.

Historia de la Casa Amatller

El 12 de marzo de 1898, el industrial chocolatero Antoni Amatller Costa (1851-1910), compró una finca de 1.415 m2, en el número 101 (después 41) del Paseo de Gracia de Barcelona, consistente en una casa de planta baja y cuatro pisos y un jardín de poco más de 800 m2. Pagó 490.000 pesetas.

Era un edificio construido en 1875 bajo la dirección del maestro de obras Antoni Robert, siguiendo las pautas marcadas en el plan Cerdà. En el Archivo Municipal Administrativo se conserva un dibujo de Antoni Robert con el alzado de la fachada, de composición simétrica clásica, con acceso central y dos locales comerciales a lado y lado, y cuatro balcones en cada piso. Según este proyecto el inmueble constaba de planta baja y tres pisos, pero en el momento de la construcción se añadiría un cuarto, que tuvo que ser legalizado finalmente por Antoni Amatller.

Antoni Amatller encargó la remodelación del edificio que había comprado, para convertirlo en su residencia, a Josep Puig i Cadafalch (1867-1956). Formado en la época de la Renaixença, el arquitecto, político y historiador del arte tenía una particular concepción arquitectónica.

En sus escritos explica que Catalunya era un país que había estado una de las potencias del Mediterráneo medieval y que, habiendo pasado por algunos siglos de decadencia, había recuperado su potencia económica a lo largo del siglo XIX gracias a la industrialización.

El país necesitaba proyectar una nueva imagen, mediante una arquitectura moderna (de aquí vendría el Modernismo) que pusiera de manifiesto el empuje recuperado de la sociedad catalana; una arquitectura evocadora de las glorias del pasado, tomando como base las artes tradicionales para adaptarlas a los nuevos materiales y a las nuevas necesidades.

Para conseguirlo era imprescindible contar con la colaboración de los talleres artesanales que, resucitados y fortalecidos por el renacimiento literario y histórico, conformaban el colectivo capaz de convertir los proyectos de los arquitectos en realidad. Participaban, así, en las tendencias más innovadoras que estaban transformando las capitales europeas.